Las relaciones entre Chiloé y Lima

Lima, actual capital del Perú, fue la ciudad más importante de América del Sur durante el periodo colonial por ser la capital del Virreinato del Perú, sede del gobierno de los Virreyes, representantes del rey de España en las Américas.  Ubicada a orillas del Pacífico, su puerto, El Callao, fue el centro del comercio e intercambios culturales, políticos y sociales entre los siglos XVI y comienzos del XIX.

Para resguardar la capital virreinal del acoso de piratas y corsarios, durante el siglo XVIII diversos virreyes vieron en Chiloé: “la llave del reino”, antemural defensivo de la costa sur del Pacífico. Esto por la cercanía de Chiloé al Estrecho de Magallanes, lo que motivó que desde el virrey  Manuel de Amat y Juniet, se mostrara especial preocupación por Chiloé. Por esa razón en 1768 se decide traspasar la administración del gobierno colonial del archipiélago a la dependencia directa de Lima, y por tanto de la autoridad virreinal.

La dependencia no sólo fue política, el comercio significó un vital intercambio entre Chiloé y Lima, puesto que “el barco de Lima” llegaba todos los veranos a Chacao, y a San Carlos, actual Ancud a partir de 1770. De la ciudad de los virreyes  llegaba: aguardiente, vino, añil, diversos paños y géneros, fierro, armas, papel, entre diversos productos del continente. Desde Chiloé se enviaban jamones, mantillas y productos textiles de lana, tablas de lumilla, muermos y las preciadas tablas de alerce, las cuales era la moneda de cambio de Chiloé.

Los diversos cargos de gobierno eran nombrados y supervisados directamente por el virrey, además el Colegio de Misioneros de Ocopa, ubicado en Lima, era el responsable de enviar misioneros franciscanos para atender las necesidades espirituales de la población.

Iniciado el proceso de independencia, el virrey Fernando de Abascal decide en 1813 enviar una expedición para detener el proceso independentista en Chile. El destino de dicha expedición fue Chiloé, convirtiéndose en un verdadero centro ofensivo, puesto que sus hombres se plegaron al ejército realista; luchando desde 1813 en todas las campañas de la Patria Vieja hasta vencer a los patriotas de Carrera y O’Higgins en la Batalla de Rancagua. Luego de la victoria chilota, el virrey Abascal envió un contingente de chilotes a luchar al Alto Perú, actual Bolivia. El Batallón Voluntarios Castro o Chiloé, llegó en 1815 a su destino y fue comandado por Joaquin de Pezuela, virrey del Perú desde 1816.

Así las relaciones entre Chiloé y Lima se intensificaron con la guerra, cada año llegaban 3 a 4 barcos cargados de pertrechos militares y auxilios a la Isla; de vuelta los comerciantes chilotes enviaban jamones y miles de tablas de Alerce. Además sus soldados iban y venían desde Perú a Chiloé. Pero en 1824 tras la batalla de Ayacucho, donde las fuerzas de José de San Martín y Simón Bolivar vencieron al ejército virreinal las relaciones se cortaron, dejando a Chiloé y sus habitantes a su suerte; hasta que en enero de 1826 se produce la anexión a la naciente República de Chile.

Hoy sólo los archivos y viejos papeles de la época, nos hablan de esas relaciones que son testimonio de una historia que marcó a sus habitantes hasta el día de hoy.

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