Velorios en Chiloé

“El velorio en el campo es distinto que en la ciudad, acá en el campo es toda la noche. La gente llega y se mantienen toda la noche acompañando; le rezan dos rosarios, tres rosarios y ya se les da cena y después rezan otro poco. Como a la una, dos de la mañana viene el café y después siguen rezando algunos. Más antes si que era bonito, porque amanecía la gente rezando, toda la noche.

 De Aituy hay como un límite, desde donde nosotros vivíamos, de ahí para abajo es Queilen, así es que ninguno lleva sus deudos a Aituy, aunque es Aituy el sector, pero en cuanto a sus deudos se les trae a Queilen.

Yo les digo a los chicos que aunque no me quede nada para los años que yo tenga que morir por vejez o algo, tienen que hacer comida. Tienen que hace comida les digo yo, si acaso no me queda nada por mi cuenta, tienen que hacer una ‘cucha’ entre ustedes pero me tienen que hacer comida. Y dicen ‘no si la gente no recibe, en el pueblo no recibe nadie’. Yo estoy bien segura que cuando aquí toco la muerte de mi hijo y después de mi marido, recibieron todos. Yo pienso que es la manera de ofrecer la comida, porque si no la ofrecen bien ¿qué va a comer la gente? Cuando se murió Carlos, mi hijo, dicen que no quedó nadie, nadie lo recibió, incluso parece que tenían que ir a comer allá a la otra casa, ahí tuvieron que hacer comedor.

Para los velorios, la cena puede ser como a esta hora, o más tarde, depende la época. Ahí ya la comida está lista, si de temprano las cocineras están haciendo la comida. Antes me acuerdo, cuando era chica joven, hacían como cazuela la cena y ahora no, hacen como estofado; entonces ¿quién no se sirve un pedacito de carne con una o dos papitas? Entonces, no es que la persona no quiera recibir, porque yo estoy bien segura que cuando se murió el papá de Milo Macías dicen que fue muy bonito, que toda la gente recibió porque tenían una forma especial para ofrecerle; no tenían para hacer comedor aparte pero la gente recibió en unas piezas. Ahí pasaron sirviéndole a un hombre primero porque para ese lado estaba y no recibió nada, y los que estaban después de él, todos recibieron; se tiraría las orejas cuando todo estábamos comiendo y él era el único que no.

Después se servía café en la noche quizás como a las once, se pasaba toda la noche de largo y en la mañana salía el funeral. Se pasaba toda la noche en vela, rezando; los que eran fumadores no los dejaban ni fumar porque se rezaba tanto, que tenían que fumar afuera. Es que se levantaba una rezadora y se hincaba otra; había tanta rezadora también y ahora no, ahora no hay gente que rece. Ahora muere alguno y hay que andar buscando por ahí y antes no, antes llegaban todos los rezadores, no se buscaba a nadie para rezar sino que llegaban. No es como ahora que hay que buscar un rezador y además hay que pagarle y antes no se le pagaba.

En esos años no se usaba trago, hoy día se usa trago igual; en varias partes no dan comida pero de repente dan una vueltecita de galletas, cualquier cosita, con un trago. Cuando uno recibe no es porque a uno le guste el trago, tampoco es porque viene sin hacer once de su casa, recibe por educación se puede decir. A mí me tocó en una parte aquí en Queilen, cuando todavía vivíamos en Aituy, vinimos con Carlos mi hijo, vinimos los dos porque nos llevábamos con esa gente y nos llevamos bien a la fecha. Pasaron una vuelta de galletitas mezcladas y un traguito corto y yo estaba para recibir primero pero pasaron otras primero, algunas recibieron otras no y yo recibí; pero sabe que no hallaba cómo masticar esa galleta ni cómo pasar ese trago porque de los otros no recibió nadie, como tres personas recibimos, y eso no lo encuentro bonito; porque ¿quién va a pasar una semana con esa llenada de comida?, si la gente lo sirve con cariño, para que la gente se entretenga, como un gesto de cariño en ese momento, de atención, entonces yo no le encuentro nada de hermoso, nada, nada. Yo decía después entre mí, ¿quizás cuántas habían aficionadas y ahora no les pasaba un trago corto?

Así es que en el campo y en pueblo igual, era la misma tradición. Y en la mañana se iba con el funeral al cementerio, cuando hacía cura la misa la hacía él u cuando no, la hacía un fiscal, porque antes había un fiscal. En la mañana le servían desayuno, café nuevamente con un pan entero y con esas presas que dicen que no entraban en el plato. Mataban todo un animal para eso, el que tenía vacuno era vacuno, sino tenía que carnear tres, cuatro ovejas para que le alcance. Pero yo lo encuentro bonito eso”.    

María Ancelia Segovia

Queilen

Juana Güeicha Andrade

Detico

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