Temores Infantiles

“Muchos temores infantiles estaban asociados a los seres mitológicos de Chiloé. ‘En las noches escuchaban las conversaciones sobre los brujos y así ya se deban miedo. O cuando se hablaba de los familiares que habían muerto que podían venir a penar en las noches, todo eso atemorizaba a los niños’.

El clima, especialmente los truenos y granizos también provocaban temor no solo en los niños, sino que también en algunos adultos. ‘Se colocaba lana negra en el fuego para ahuyentar los truenos y también laurel bendito y con eso como que se escuchaban más de lejos’.

Los niños de antaño recuerdan que les tenían mucho temor a las vacunas. Se inmunizaban en las postas rurales y el encargado era el Paramédico, llamado antiguamente en las comunidades rurales ‘el Practicante’ o ‘el Auxiliar’. ‘En realidad, todo lo que tenía que ver con posta atemorizaba, ya sea vacunas, inyecciones. Cuando llegaba el dentista, lo mismo, era la llantería de chicos’.

‘También se le tenía miedo a los toros porque te podían corretear, a los carneros que topaban. Incluso a las aves como los gansos, los pavos que cuando estaban empollando o con polluelos eran bien bravos y si pasabas cerca de ellos te perseguían’.

Toda experiencia imprevista que producía temor o miedo podría ser causante del ‘susto’, un síndrome que se presentaba por lo general en los niños. La causa originaria del ‘susto’ estaba en la pérdida del alma y la energía vital, aunque en Chiloé esta concepción actualmente ya no está tan vigente como en otras culturas latinoamericanas.

Antiguamente, los padres, cuando sospechaban en sus hijos la existencia del ‘susto’, acudían donde una ‘machi’ para que les diera remedios. Éstos consistían en brebajes que la sanadora había preparado y que entregaba en botellas. Una curandera del sector Detico, comuna de Queilen señala que para el ‘susto’ utilizaba una planta llamada ‘lilinquén’, la cual machacaba bien en una artesa de madera. Le colocaba unas piedras calientes al rojo para que se cocinaran las hojas. El líquido obtenido se servía en una taza y con ‘ello botaba el susto’.

En Chiloé, el tratamiento tradicional para quitar el ‘susto’ se denominaba ‘Kutipe’ o ‘Kotupelle’, en cuyo ritual quedaba clara la concepción original de la pérdida del alma y/o espíritu y estaba en manos de una ‘curiosa’ o experto, quien realizaba la ceremonia de sanación usando un brebaje especial de hierbas y siguiendo determinadas acciones. Se desarrollaba sin la presencia de familiares o parientes y exactamente a la caída del sol”.

Comentarios