Salubridad en Chiloé

La región del archipiélago es una de las más pintorescas del sur de Chile. Favorecida por un clima suave y templado, no se notan aquí los excesos de calor y frío que marca el termómetro en otras partes. Rara vez en el invierno baja la temperatura a cero grado. En el verano se mantiene entre los quince y veinte, siendo excepcionales aquellos días en que sube de veintisiete. Si bien el clima es húmedo, en cambio no es propenso a las enfermedades contagiosas ni a las epidemias endémicas. Es verdad que la viruela y el tifus hicieron estragos en la época de la colonia; pero aquello se debió a la escasez de elementos y de facultativos para combatirlos. También suele visitarnos la tos convulsiva, la alfombrilla, la gripe, que ataca de preferencia a los niños; pero procediendo con cuidado se observa que el mal cede luego. En otras regiones de Chile la mortalidad  es subida. En Chiloé, aún cuando los hábitos higiénicos no están difundidos, la proporción de los nacimientos es algo más alta que en muchos puntos de la república. Y es agradable ver que esta situación se mejora con las transformaciones que se introducen en las viviendas y con el alcantarillado. En los campos la habitación ya no es lo que fue en otra época. Desaparecen gradualmente las antiguas chozas pajizas y se levantan en su reemplazo casitas con aspecto moderno, de suelo entablado, pintadas, con piezas independientes y suficientes ventanas para el aire y la luz.

El alcohol, antes más que ahora, se consumió en grandes cantidades, y esto produjo un descenso notable en la moralidad y costumbres. Los individuos, dominados por este vicio degradante, sufrieron las consecuencias del tóxico. Por fortuna, la organización sanitaria se ha extendido por toda la república y aquí, como en otros puntos, han alcanzado también los beneficios. La Dirección de Sanidad imparte sus instrucciones, que se ponen en práctica con el auxilio de los facultativos y personal dependiente.

En Ancud la beneficencia está servida por un hospital que fue considerado por mucho tiempo como una de las mejores casas de salud de Valdivia al sur. Desde el 1° de enero de 1875 lo regentan Religiosas de María Inmaculada. Ahora el hospital posee un edificio moderno de cemento armado.

El promedio de enfermos diarios en el hospital incendiado era de cuarenta a cincuenta, cifra que subía de ochenta en invierno. El policlínico atendía alrededor de cien consultas al mes; sesenta a ochenta tratamientos dentales y más de cien inyecciones y curaciones.

Es honroso constatar el hecho de que la moralidad pública no ha sufrido en Chiloé graves quebrantos. La sociedad, la familia, el pueblo mantienen su antiguo recato y los desmanes en el vestir, las demasías en las costumbres aún son casi desconocidos. Si bien la mujer acepta las modas reinantes, tiene buen cuidado de no exagerarlas. Y como no existen los salones públicos en que se baila sin decoro, el balneario en que se exponen trajes indecentes, la juventud conserva el santo rubor que provoca el descoco.

El obrero de Chiloé es tranquilo y morigerado. Sabe respetarse y respetar a los demás. Mantiénese de su trabajo, sin ocuparse en disturbios ni huelgas. Vive en habitaciones propias o arrendadas, generalmente en buena armonía con la familia y el vecino. Los matrimonios mal constituidos son escasos y dentro de estas condiciones en que permanece aún la clase humilde, la vagancia de los niños no presenta los caracteres alarmantes de un problema.

Merced a la ley de la habitación barata, cuyo autor y propulsor fue el Senador por Chiloé don Alejo Lira Infante, se han venido construyendo viviendas para obreros. Se halla ya en servicio la población “Antonio Bórquez Solar”. Las leyes sociales, con sus exageraciones y todo, se practican. El descanso dominical se observa, con algunas excepciones. El ahorro se hace en pequeña escala por falta de propaganda y las disposiciones que prohíben el expendio de las bebidas alcohólicas se observan, si bien será difícil poner coto al negocio clandestino“.

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