Romancero de Chiloé

“En el tiempo en que nosotros hicimos nuestras encuestas en Chiloé ya el romancero había perdido allí el carácter funcional en que en otros tiempos había tenido. Por regla general, nosotros lo encontramos ya desfuncionalizado, refugiado sólo en la memoria de sus hombres y mujeres, de avanzada edad la mayoría, y que el algunos casos tuvieron que hacer grandes esfuerzos por recordarlos. En esto, el caso de la tradición chilota no es diferente de lo ocurre generalmente en todos los demás lugares del mundo hispánico, con muy contadas excepciones. 

Vicuña Cifuentes dejó  descrita una escena popular dentro de la cual, en su tiempo, el canto o el recitado de los romances aparecía de manera natural para cumplir una función de entretenimiento colectivo: <<El largo romance vulgar no se canta, sino se recita a la vera del fuego, para acortar la noche, mientras las mujeres escarmenan la e hilan la lana, o aspan y devanan el hilo, para tejer el sayal, la frazada de cordoncillo, el poncho doble o la vistosa manta payá; y los hombres arreglan sus aperos de labranza o sus avíos de montar, enseban las coyundas, soban el cuero para las ojotas, remiendas los costales y capachos, cosen los pellones, trenzan lazos o tuercen el crin en la tarabilla>>. 

De la afición del pueblo de Chiloé a leer romances de pliego en esas mismas reuniones comunitarias, <<en largas y pesadas noches de nuestros inviernos>> dejó constancia Francisco Cavada. Como ya dijimos, y de ahí se explica las preferencias de los chilotes por los romances de pliegos dieciochescos”.

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