Ordenanza Casa Concha

Don José de Santiago Concha, oidor de la Real Audiencia de Lima, fue enviado a Chile para que gobernase mientras se esperaba que asumiese el nuevo gobernador Cano de Aponte. Santiago Concha se ocupó de formar relación de todos los problemas que se suscitaban en esta gobernación, entre ellos, los de Chiloé. El levantamiento de los indios producido en esa región aún estaba latente y hasta la capital del reino llegaban noticias de una posible nueva rebelión. Esos rumores se encargaba de difundirlos el mismo cabildo de Castro en su ánimo de demostrar el error de una política en favor de aquéllos. Deseaban, al contrario, convencer que la única forma de obtener tranquilidad y sosiego era la aplicación de un rígido sistema de encomienda.

Las noticias alarmaron al gobernador interino, que consideraba a Chiloé como la parte más insegura del reino. Solicitó informes de situación especialmente a los jesuitas y al Gobernador Molina que estaba en el archipiélago con motivo de la anterior sublevación. De aquellos infirió que la inquietud era ocasionada por los malos tratos de los encomenderos, siendo la cuestión del servicio personal el punto de principal divergencia. De este modo creyó necesario reglamentarlo, a cuyo fin dictó sus ordenanzas en Santiago el 16 de octubre de 1717.

Sus disposiciones principales legislaban sobre las siguientes materias: 1) cada indio tributario de la provincia de Chiloé debería pagar siete pesos y dos reales de tributo al año. El jornal se le entregaría en especies de la provincia al equivalente de un real y cuartillo diario; 2) para pagar el tributo, el indio debía trabajar un término de tres meses en beneficio del encomendero, los cuales comprenderían sesenta y nueve días de trabajo efectivo, cincuenta y dos de ellos para pagar el tributo y los restantes para compensar otros beneficios que recibiría el indio; 3) fuera de estos tres meses de trabajo no se obligaría a los indios a servir sin previo contrato voluntario celebrado en presencia del corregidor; 4) se prohibía sacar a los menores de la potestad de sus padres. A falta de éstos, los parientes cercanos se encargarían de ellos hasta que llegaran a la edad de tributar; 5) por ningún delito sería licito, por vía de pena, depositar a los indios o indias, para que sirvieran en casa de algún español; 6) ordenaba mantener a los indios en la posesión de sus tierras. Por último, se encargaba al gobernador de la provincia y a las justicias el exacto cumplimiento de lo ordenado en estas disposiciones.  

Si bien las Ordenanzas de Casa Concha fueron publicadas en Chiloé, su aplicación, en especial en lo que se refiere al período de trabajo que establecían, se produjo sólo a mediados de siglo y después de ásperas polémicas entre el cabildo de Castro por una parte y los caciques y protector de indios por otra. De tal manera que no obstante la publicación de estas ordenanzas el indio continuó trabajando seis meses para el pago del tributo“.

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