Volcanes desde Chiloé.

“24 de noviembre de 1834.

La madrugada es admirable. El volcán de Osorno vomita torrentes de humo. Esta magnífica montaña que forma un cono perfecto recubierto por completo de nieve, se eleva ante la cordillera. Pequeños chorros de vapor se escapan también del inmenso cráter de otro volcán cuya cumbre presenta la forma de una silla de montar. Poco después vislumbramos el excelso pico del [volcán] Corcovado, que bien merece que se llame “el famoso Corcovado”. Vemos, pues, desde un solo lugar tres grandes volcanes en actividad (El tercer volcán es, seguramente, el Calbuco), cada uno de los cuales de alrededor de 7000 pies [2135 metros] de altitud. Además, a lo lejos, se alzan otro conos inmensos recubiertos de nieve y que, aunque no se hallen en actividad, deben tener un origen volcánico”.

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