Mechuqueñes

“La casa rústica o palafitos como lo llamamos en la actualidad. Esta casa rústica que los nativos llamaban Mechenqueñes por esta construidas sobre palos y muy cerca de las playas. La razón, muy justificada, ya que los bosques empezaban desde la última marea y los terrenos despejados eran inexistentes y con los medios primitivos se hacía imposible talarlos.

Estas casas eran de apariencia humilde, de techos y paredes pajizos, formaba un solo cuerpo, una sala única con un estrado que ocupaban durante el día y servía de alcoba general durante la noche. En el centro estaba el fogón rodeado de piedras redondas, donde siempre ardía el fuego, aquí se cocinaba, se asaban las papas al rescoldo, a un costado una pequeña escalera de gato, construida de un solo madero dentado, servía para subir y bajar al soberado y collín.

Habitaban estos mechenqueñes una familia que siempre se constituía, además del matrimonio, de cinco o más hijos. Por las noches se agrupaban a la cama redonda o estrado, los chanchos, perros, gallinas y otros animalitos guachos, como corderos, terneritos, etc.

Si nos remontamos a las chozas primitivas encontramos algunos antecedentes de buena información. Esas tolderías eran construidas de palos delgados hincados de un extremo a otro en forma circular, techos y paredes cubiertos con pieles de lobos. Otras en forma de enramadas, dejaban un boquete como entrada. Estas chozas eran muy parecidas al iglú de los esquimales o de los Castros que se encuentran en España, muy parecidos a los hornos de cancagua que el chilote utilizaba para cocer el pan. Estas chozas eran desarmables, utilizadas solamente durante la estadía de mareas largas si en esas playas existía abundancia de mariscos, posteriormente la desarmaban trasladando los toldos y sus pertenencias a otro lugar”.

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