Los Urneros

“Consciente de que la muerte, tarde o temprano, es una realidad, el habitante de Chiloé, no evitaba hablar del tema; lo asumía plenamente y se conversaba en familia. Sucedía, por ejemplo, con la construcción del ataúd. Su fabricación no se improvisaba. Con antelación se compraba la madera necesaria para este propósito. Es más, incluso se le ‘dejaba hablado’ al carpintero del sector para que éste lo armara ‘cuando llegara el momento’.

Un ‘urnero’ de Chonchi recuerda que una vez un matrimonio de ancianos llegó con la madera para fabricar las urnas. ‘La traían en carreta y pidieron que les tomara las medidas para que les hiciera sus urnas. Despues se llevaron las astillas y las virutas, porque no querían perder nada de esa madera’.

Doña Mercedes Barría de la localidad de Nal, Ancud, recuerda que otrora, los ataúdes eran pintados de color negro, utilizando para ello una especie de hisopo o muñequilla hecha de paja quemada. ‘La gente quemaba paja de avena o cebadilla. Eso quedaba negro, y así se tomaba esa paja y se untaba todo el cajón, quedaban muy bien, brillantes’”.

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