Lo rural en los 50′

“No era mucho lo que se podía ver en el interior de Chiloé en los años cincuenta. Se apreciaba el paisaje, desde luego, la quietud y la hermosura de la campiña verde y ondulada, pero se reconocía que el aspecto de los pueblos y aldeas rurales era de pobreza y abandono. Humildes casas de madera de tonos grises, callejuelas barrosas aun en verano, cercos de quinchos, la murra invasora, cortos sembrados de papas, crecido número de gallinas, algunas ovejas y unos cuantos cerdos tras los rastrojos. La capilla y su vulnerable vejez era lo más visible por empinada y airosa, y un puñado de casa en desorden alrededor del templo daban forma a los poblados de las afueras de Castro. Y en todos, el mismo aspecto bucólico en la estación de verano que hoy nos resulta encantador, pero para los ocasionales visitantes chilenos de los años cincuenta no eran sino elocuente expresión de atraso y abandono”.

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