Lectura en Chiloé, 1900

“En Chiloé, provincia que posee –relativamente a su población- el mayor número de escuelas en toda la república, la gente del pueblo y de los campos es naturalmente aficionada a la lectura, a la cual se dedican especialmente en las largas y pesadas noches de nuestros inviernos en el seno de la familia y a la vera del alegre y hospitalario fogón.

La historia de Carlomagno y sus doce pares, la bíblica, la de Bertoldo, Bertolino y Cacaseno, el libro de los Oráculos, el Almanaque de Brisol, el Manual de la Buena Muerte y otros devocionarios son las lecturas obligadas en esas amables y patriarcales reuniones.

Cuando cesa la lectura, se da comienzo a la recitación de corridos o sea romances de gesta, de algún hecho o acontecimiento importante verificado en la isla, de la descripción de alguna fiesta patronal, proponían adivinanzas o se narraban cuentos.

Entre los primeros se conservan en Chiloé muchos de los que corren en boca del pueblo en las demás provincias del país, y los cuales ha coleccionado en gran cantidad y con un considerable número de notas ilustrativas, el autor de Romances populares y vulgares, don Julio Vicuña Cifuentes”.     

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