La madera y el mar

Está presente principalmente en la construcción de embarcaciones, desde el primitivo bongo o canoa, pasando por la dalca chona, los botes, chalupas, chalupones y lanchas veleras, hasta las goletas de dos y tres mástiles que se construyeron en grandes astilleros de la costa oriental de Chiloé y que durante el siglo XIX y principios del XX, llegaron con cargamentos de ciprés, mariscos, pescados secos, jamones, alerce y manteca a lugares tan apartados como el Perú y Nueva Zelanda. Lo anterior  se explica porque el colonizador español aprovechó el bosque chilote para extraer preciadas maderas que a partir del siglo XVIII comenzó a exportar desde el archipiélago , donde por ejemplo en el periodo comprendido entre 1778-1782 salieron anualmente de la isla grande una cien mil tablas de alerce. Así mismo, el archipiélago se convirtió en un centro de operaciones y en el paso obligado de las expediciones europeas que pasaban por el Estrecho de Magallanes. De estas tierras zarparon famosas expediciones hidrográficas que reconocieron los territorios ubicados al sur de Chiloé, entregando descripciones de sus habitantes, usos y costumbres, de sus territorios, rutas y accidente geográficos.

Es imposible desconocer que en Chiloé comenzaron a construirse  un número importante de embarcaciones de madera de dos y tres mátiles, tal como ocurrio en el siglo XIX. En efecto, en el año 1843, durante el gobierno de Manuel Bulnes Prieto, se ordenó la construcción de la Goleta Ancud, utilizando carpinteros de la zona; construida en el puerto del mismo nombre, después de 5 meses de navegación, la tripulacion chilota tomó posesión del Estrecho de Magallanes el 21 de septiembre de ese mismo año”.

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