Hija del Thrauco

“Dicen los antiguos que nunca hubo en la isla de Quinchao una niñita tan hermosa y tan querida por su mamá y por sus abuelos como la hija del Thrauco. Pero también dicen los antiguos que esa niñita era tan bonita que el mismo Koykoyfilú, cuando la vio, quedó tan maravillado por su belleza que deseó en el acto poseerla.

Ocurrió que de vez en cuando la hija del Thrauco se bañaba en las aguas del canal que separa la playa de Chequián de la isla de Caguach. En una de esas Koykoyfilú estaba acechando y la vio y quedó impresionado por la belleza de la niña, que todavía no tenía edad para ser poseída.

Pero el tiempo transcurrió y llegó la temporada en que la hija del Thrauco alcanzó la edad para conocer a un hombre, y también había crecido en belleza. Entonces Koykoyfilú la describió a su padre, el ardiente Peripillán, y tan bien describió su dulzura y la hermosura de la niña que el padre suyo, aunque nunca la hubiera visto, sin embargo la deseó intensamente y quiso poseerla

Cuenta los antiguos que entonces Peripillán envió al Thrauco como werkén.

El Thrauco se fue como werkén a la ruka de su hija y en el sueño le hablo a su madre: “Un maravilloso destino le espera a nuestra hija. Ella será la windomo de Peripillán, el poderoso espíritu del fuego, y se irá con él para vivir juntos en las profundidades de la tierra. Prepara a nuestra hija, porque al cabo del cuarto día vendré a buscarla”.

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