Héroes olvidados

Muchos campesinos volvieron mutilados de la guerra, y para colmo de males se suspendió el Situado que llegaba del Perú, y los pobres inválidos que regresaron sólo aumentaron el número de menesterosos.

       A este respecto el Coronel Ballesteros es más categórico, describiendo el estado de miseria en que quedaron estos combatientes y sus familias, con los cuales el compartió todas las penurias sufridas en las campañas de Chile central:

              ‘… pero es sensible, que estos valerosos y sufridos chilotes, que con servicio del Rey, abandonando sus hogares y familias, habían quedado, cual sin pierna, otros sin brazos y otros llenos de contusiones, imposibilitados para siempre, no habiéndoles cumplido en parte la promesa del General Pareja en Chiloé para las asignaciones a sus mujeres y que se les descontaban mensualmente de sus sueldos, fueron despedidos del servicio, teniendo que conducirse a su país pidiendo limosna, y los que no aumentaron en Chile el número de pordioseros, y las huérfanas y viudas de los que con su sangre sellaron su fidelidad al Soberano en la reconquista de Chile, quedaron sepultados en el pozo del olvido.

       Esta conducta entonces en los mandatarios estuvo distante de llegar al Real conocimiento, que habría remediado tan graves males que se sucedieron’.

       A pesar de todo el Gobernador Yustis, merced a su carácter benévolo, supo levantar un poco el ánimo de sus gobernados, infundiéndoles fe en el porvenir. Así restituida la calma pudo reunir nuevas tropas que envió a Valdivia a principios de 1817, en resguardo de un posible contraataque republicano.

       Los sacrificios en gente y dinero de Chiloé se habían hecho pensando en restituir el dominio monárquico en el norte del país, pero esto significó que la provincia quedara indefensa ante cualquier ataque externo o interno.  Se presentaba entonces otro problema para el Gobernador, debía reclutar milicianos e instruirlos, sin descuidar con ello los trabajos agrícolas, única fuente, junto con la pesca y recolección marina, del alimento para los isleños.

       En condiciones tan precarias como las descritas, a Justis no le fue posible continuar por más tiempo al frente del gobierno insular; elevando al Virrey Joaquín de la Pezuela su carta de renuncia. Esta situación oscurecía aun mas el horizonte en Chiloé, obligando al Virrey a nombrar rápidamente a un hombre que fuera capaz de levantar el ánimo e infundir confianza y renovada fidelidad a los isleños.

       El Virrey Pezuela no se equivocaría en la decisión de elegir al hombre que no sólo cumpliría sus órdenes sin vacilaciones, sino que se uniría en amistad y armas en Chiloé con el cuadro más fiel  de oficiales españoles y chilotes que al final de la guerra pudieron reunirse,  allí estaban  los Coroneles José Ballesteros, Comandante Militar de las Milicias del Partido de Castro, Don Saturnino García, Comandante de la Tropa de Infantería Veterana de San Carlos y Don José Hurtado Ayudante del Estado Mayor, los que junto a las tropas Milicianas y Veteranas, se convertirían en los últimos defensores del rey en la América meridional“.

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