Franciscanos en Chiloé

“Los padres franciscanos habían sucedido a los jesuitas en la evangelización de Chiloé, y éstos habían iniciado el traslado de los indios al norte con este piadoso objeto. Por eso extraña que el P. Pedro González de Agüeros presente el hecho como una novedad con estas palabras: ‘Como el principal objeto y obligación de los misioneros de las Indias es procurar la reducción de los indios gentiles que se hallan establecidos en aquellos montes y archipiélagos: habiéndose informado los que residían en la provincia de Chiloé, que por la parte o rumbo al sud habitaban en aquellas incultas y remotas islas de los indios de nación chonos, caucahues y otros que sin conocimiento de Dios verdadero vivían en aquellas incultas islas, solicitaron, deseosos de procurarles su remedio espiritual, atraerlos a la fe católica: y para esto concurrieron por la licencia necesaria al gobernador que entonces era de esa provincia don Tomás Jáuregui…’.

Estos indios eran conocidos como los mejores prácticos de las islas, habían sido evangelizados por los jesuitas y a la salida de éstos, unos diez años atrás, el gobierno se había preocupado de las misiones hacia el Estrecho sin encontrar persona apta para emprenderlas. Por eso es extraño que se ponga como original algo que no era más que una continuación. Es oportuno decir esto, porque muchas veces, basada en estas afirmaciones, se empieza la historia con desconocimiento u olvido de los antecedentes.

Los padres elegidos para esta expedición fueron fray Benito Marín y Julián del real. Los preparativos: hacer tres piraguas, una grande llamada ‘Patrocinio’, y dos medianas llamadas ‘Santa Teresa’ y ‘San José’. Buscaron prácticos tanto en los lugares que iban a recorrer como de la lengua de los indios. El viaje duró cuatro meses y dieciocho días, desde el 21 de octubre de 1778 hasta el 8 de marzo de 1779″.    

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