La llegada del Beagle

“Promediando 1829 y ya muy avanzados los trabajos en los canales de la región fueguina, se resolvió marchar al norte, hacía Chiloé. La Adventure siguió viaje a Valparaíso, regresando luego a San Carlos de Ancud; mientras el Beagle entraba al mar Pacífico la noche del 1° de julio enfrentando un temporal con velamen y gavia bien arrizados y trinquete en dos manos, el día 5 se hallaba a la cuadra de la isla Guafo fondeando cuatro día más tarde en Ancud.

El día 20 de septiembre llegó la goleta Adelaide, después de una travesía con mal tiempo desde el Estrecho de Magallanes hasta Chiloé.

Como el Beagle y la Adelaide necesitaban algunas reparaciones, se vararon en el estero El Dique en el sector de Punta Arenosa, donde se estableció el campamento. Mientras Fitz-Roy y Stokes se dedicaban a los trabajos de gabinete, los oficiales y tripulación se dedicaron a la construcción de botes y calafateo del Beagle.

Durante la permanencia en Punta Arenosa desertaron los carpinteros del Beagle “incitados por un cura católico llamado Foraste, quién no solamente les proporcinó los medios para trasladarse a Castro, sino que luego los ocultó en su casa”.

Considerando Fitz-Roy que el rescate de los carpinteros “era de capital importancia para nuestro barquichuelo en una región donde era imposible reemplazarlos”, partió a su búsqueda destacando al piloto J. Kirke para que viajara por tierra hasta Castro en busca de informes.

En Lemuy -pagando una onza de oro- tuvo conocimiento  que en una piragua, los desertores habían salido a cazar lobos y recoger aceite para el cura Foreste en las cercanías del monte Corcovado. Con esa información y con atribulado baquiano de guía, el bote de Fitz-Roy emprendió rumbo al continente, guiados por el fuego del volcán “entre las olas a impulsos del viento fresco del oeste y después de registrar cada ensenada por 20 millas sin hallar rastro de los fugitivos”. En la segunda expedición, en 1834, supo que en cierto momento estuvo cerca de los desertores “que estaban agazapados en unos matorrales a la orilla de una ensenada al pié del Corcovado con su piragua oculta detrás de una roca”.

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