Educación en el siglo XIX

“No hay provincia en Chile en la cual esté extendida la instrucción primaria en el grado que lo está en Chiloé. Raro, rarísimo es el chilote que no sabe leer ni escribir, siquiera medianamente. Desde que don Manuel Montt tuvo la plausible idea de dar cabida a los hijos de Chiloé en la escuela normal de Santiago, y trabajó con decisión por conseguirlo, la instrucción ha tomado un desarrollo extraordinario. Todos los años, veinte o más jóvenes de ambos sexos se presentan a concurso en Ancud, para ingresar como alumnos a la Escuela Normal. Diez o más se dedican a los oficios mecánicos en la Escuela de Artes y Oficios. Del Liceo de Ancud salen anualmente de cinco a diez jóvenes que han concluido sus estudios de humanidades, y que se dedican, según las comodidades de sus padres, a la medicina, a las leyes, a la marina o a la milicia; carrera la penúltima, por la cual siente el chilote una verdadera inclinación”.

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