De Soldado a Profesor

“A fines de diciembre de 1779 Tomás de Loayza, soldado dragón con plaza viva, elevaba en el puerto de San Carlos un memorial al coronel inspector de la guarnición de Chiloé Tomás Shee, explicando sus servicios a lo largo de más de catorce años; en el transcurso de ellos, por orden del Gobernador Juan Antonio Garretón había sido solicitado para avecindarse en aquella localidad ‘con el fin y motivo de hacerse maestro de la juventud, por haber experimentado que todos los niños de este despoblado no sabían ni aún persignarse, haciéndome saber que era la voluntad de la Católica Piedad de nuestro Soberano el que a su costa fueran enseñados y que en esta suposición me dedicase con todo esmero a su crianza’.

Era notorio, puntualizaba en su información, que había enseñado a los niños no sólo los primeros rudimentos de la educación, sino la doctrina cristiana y diversas oraciones, de tal manera que a la sazón aquellos eran ‘maestros de sus padres'; el informante, que recibía sueldo de soldado en virtud de su anterior destino, al ser llamado nuevamente al servicio pedía una definición respecto a su situación, aludiendo a la parte económica. El mismo Tomás Shee opinaba que si bien la enseñanza de los muchachos era muy útil y precisa en una República, no era regular que el sueldo que el Rey destinaba para el servicio de las armas en plaza viva se aplicase a otro ramo, recomendado solicitar a la superioridad se le asignase algún sueldo en calidad de maestro preceptor, sugiriendo el recurso de los fondos de las encomiendas vacas o temporalidades de la provincia“.

Extraído de: Guarda Gabriel, Las escuelas del Rey en Chiloé después de la expulsión de la Compañía de Jesús. Revista Cultura de & desde Chiloé, n°11, Olimpho artes gráficas, Santiago, 1990. pp. 45-49.

Comentarios