Cultura del Fogón

“El invierno se vivía puertas adentro. La vida privada predominaba sobre la vida pública. Las calles quedaban desiertas cuando los vientos y las lluvias se adueñan de la ciudad con sus axcesos climáticos. El brasero y la cocina a leña asumían el rol sociológico de congregar a la familia por las tardes, y la palabra tomaba su lugar cuando se disfrutaba del mate y del café de higo, previos a la ‘cena de las ocho’, para terminar el día con el lavado de los pies antes de acostarse, la botella de agua caliente para la cama y la oración familiar que ponía término a la jornada diaria.

Era la ‘cultura del fogón’. Los crepúsculos se animaban con la conversación y con cuentos locales como ‘La pescadorcita de Peuque’. Que se contaba en 1908, o lecturas de novelas que las madres solían hacer en voz alta, o cuentos tradicionales como ‘El dragón del infierno’ y ‘Las dos bandurrias’ o ‘La niña que se enamoró del culebrón’, o las siembre edificantes vidas de santos y pasajes de la biblia para comentar entre todos. Lo más corriente era, sin embargo, alguna novedad del día que acaparaba la atención de la familia”.

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