El Clima en 1791

“Gózase en la mayor parte del Reino de Chile de las cuatro estaciones del año que se experimentan en España; pero con la diferencia, y contraposición de ser allí la primavera, desde mediado de Septiembre hasta Diciembre, y así sucesivamente las demás; de suerte que cuando en España es verano, experimentan allí el invierno: y por tanto en su respectiva estación logran los correspondientes frutos, y producciones de la tierra. En Chiloé hay también los mismos cuatro tiempos; pero no se disfrutan como en el resto del Reino; pues ni tiene, como ya he dicho aquella abundancia de frutos, ni aparecen en sus campos tanta variedad de hermosas y agradables flores, y plantas medicinales. El verano es el mejor tiempo que se goza; pues aunque en el mes de enero desde las diez de la mañana hasta las tres de la tarde es excesivo el calor, se logra el beneficio de que á esas mismas horas se levanta el viento del mar que llaman ‘Viento razón’, que recrea y refresca con su apacible marea. En este tiempo tiene allí el día 17 á 18 horas, y al contrario en el invierno. Este es rigoroso en los fríos, pero no se experimentan en él las heladas tan fuertes en España. No he visto helarse ni aun los pequeños arroyos, ni que la nueve llegue a cuajar sobre la tierra. Se experimenta mayor frío en Chiloé que en las Ciudades de Santiago, y Concepción; pero esto no es para extrañarse cuando sabemos su mayor altura de polo, e inmediación al rigoroso clima del Cabo de Hornos.

Lo que más incomoda en el invierno, y en algunos meses de las otras estaciones es la continuación de las lluvias, con los impetuosos temporales del Norte, Noroeste, y Travesía. Son muchas las ocasiones en que sin intermisión alguna, duran por toda una luna las aguas, acompañadas de estos ya expresados furiosos huracanes, que es tanta su vehemencia, que ni aun dentro de las casas se tiene seguridad, y a los árboles más gruesos les arrancan con sus raíces de la tierra. No puede asegurarse en Chiloé de buenos, serenos y permanentes tiempos, ni aún en el rigor del verano, porque tiene acr5editado la experiencia, que aun en el mes de enero son tan copiosas muchas veces las aguas, y fuertes los temporales, como he dicho en invierno. Únicamente hay mas fundadas esperanzas de que en verano es regular asegurarse, y fijarse en el viento sud. Este causa allí los efectos que por lo regular se experimentan en Europa con el Norte; pues aún cuando éste está reinando con su furioso ímpetu, y la lluvia en su mayor fuerza, si por el sud aclara una pequeña parte es manifiesta señal de la bonanza, que luego se verifica disipándose las nubes; pero antes de lograrse este consuelo, viene de improviso el viento Travesía con más furiosa vehemencia que el Norte en su mayor fuerza. Pasa luego, y tan de repente, que parece muchas veces como al disparar un cañón de artillería. Esto pone en grande riesgo las embarcaciones, porque como éstas van navegando con sus velas mareadas según el viento pide, las coge regularmente atravesadas, y al no estar antes con las precauciones necesarias para recibir este repentino golpe, es exponerse o a rendir algún palo, o tal vez a mayor daño. Hablo por experiencia, pues tengo muy presente el riesgo en que me he visto por estos acontecimientos en las inmediaciones al puerto de San Carlos”.   

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