Chilotes en Perú

“El 29 de abril de 1815 recibí orden de pasar a auxiliar al Ejército Real del Alto Perú, con los Voluntarios, dos compañías de Valdivia y una de Cazadores Chilenos, cuya fuerza sumaba la de 750 bayonetas por la terrible deserción y enfermos que quedaron en el hospital, los primeros reclutas de Voluntarios de Castro, y otros de la nueva compañía de Cazadores, por la imprudencia del socorro anticipado y vestuario, a lo que me opuse fuertemente con el gobierno de Valparaíso. El 13 de Mayo nos vimos a la vela, arribando a Arica el 15 de junio, en donde recibí del intendente de Arequipa, D. Pío Tristán, once mil pesos en dinero y cuatro mil en vestuario, frazadas, zapatos y tiendas de campaña. Los primeros fueron distribuidos por los alcances de abril y mayo, que no estaban pagados. En el ajuste de cuentas con la tesorería de aquel ejército, hubo un alcance a mi favor de 3041 pesos, 3 reales y 30 maravedíes, que no fue satisfecho, a pesar de mi representación a mi separación del Perú. 

El 1 de julio puse en marcha al ejército, con mi división sin haber renovado la bandera, por el honor que impartía al batallón de voluntarios, pues se hallaba tan traspasada de balazos que casi no se sostenía en el asta, entrando con ella en el cuartel general de Sorasora, en el Alto Perú, donde fuimos recibidos con el mayor júbilo, a satisfacción, en medio de salvas de cañón y fusilería, por hallarse formado el ejército a este efecto. Tal era la buena opinión de los chilotes por su religiosidad, valor, constancia, fidelidad y sufrimiento, como lo evidencia la pública voz y fama”.

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