Chilotes en la Patagonia

El desarrollo económico y social de Chiloé en el siglo XX está en gran parte vinculado al fenómeno migratorio que impulsó a miles de trabajadores insulares a recorrer el desconocido espacio patagónico, cuando ese voluminoso territorio se abrió a la colonización fomentada desde el poder central.

Aysén, Magallanes y el Sur de Argentina, conocieron del sacrificio y la templanza del Chilote –viajero obligado- que fomentó con su semilla el nacimiento de ciudades y pueblos en Chile y Argentina. No obstante, con el recorrer del siglo, el colonizador del austro pareciera desaparecer de crónicas y escritos a la hora de analizar el complejo panorama que ofreció la conquista de los nuevos territorios de colonización, destacándose mucho más a la obra del clono extranjero en desmedro de aquellos que con su fuerza de trabajo conformaron un eslabón fundamental en el surgimiento de la Patagonia. El isleño emigró por necesidad, porque el archipiélago carecía de fuentes de trabajo y la mantención de la familia en una economía de subsistencia ofrecía un complicado panorama para el hombre y la mujer.

En la Patagonia el trabajador chilote contribuyó al desarrollo de la ganadería lanar, utilizando sus manos como su recuso más preciado y en una geografía tan lejana de su natal Chiloé se convirtió en minero, albañil, peletero, domador, peón de estancia, alambrador, constructor y carpintero, desempeñando múltiples actividades en un territorio lleno de carencias que permitió a unos cuantos aventureros que venían de allende el océano, con un poco de fortuna y educación, imponer sus reglas sin mayor control en una zona sin la efectiva presencia del Estado, que a fines del siglo XIX era tan sólo un espejismo en la inmensidad del paisaje incorporado“.

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