Chiloé, 1769

“Con dificultad se hallará en toda la vasta monarquía del Rey Católico algún pueblo tan desconocido y de que menos noticia se tenga como del, no menos pobre que remoto, Archipiélago de Chiloé. La causa, a mi ver, de la poca y cuasi ninguna noticia que se tiene proviene de su misma pobreza y miseria, que a un país rico le basta su riqueza para que todos le conozcan y mucho más deseen gozarlo. Pero así como se hace un país admirable cuando la naturaleza lo ha enriquecido. ¿por qué no se hará también admirable el que por su naturaleza es pobre? Aquel se admira por su felicidad, admírese también éste por su miseria. Logra empero Chiloé en su natural desdicha la excelencia de ser un Jardin de la Iglesia; de suerte que en cuanto se portó escasa la naturaleza, se mostró por otra parte liberal la gracia. Deben, pues, aquellos isleños ser de nosotros admirados por dos títulos; el uno por lo que les ha negado la naturaleza y el otro (mucho mejor)  por lo que les ha concedido la gracia: y así se pueden con verdad llamar los chilotes pobre cristianos.

Aunque ninguno de los navíos europeos aporta a aquellos puertos para el tráfico, suelen todos los años los negociantes de Lima enviar algunos leños a Chiloé para que vuelvan cargados de madera. La marinería y demás personas de aquellos navichuelos, como no se internan en aquel archipiélago contentándose con pasar aquellos pocos días de anclaje en el puerto donde está la nave, poco o nada pueden saber de aquellas islas; y con todo eso se vuelven muy satisfechos de que ya vieron a Chiloé, queriendo dar razón del todo con sólo haber pisado una playa. De aquí es que sus relaciones se apartan por lo común de la verdad y quieren hacer creíbles sus fábulas con sólo decir que han estado allí; como quien quiere dar noticia de toda la España sólo porque ha visto uno de sus puertos. Dejando aparte aquellas fábulas, quiero dar una verdadera noticia de aquellas tierras, las más remotas de los dominios de España en el occidente, y para que el curioso lector no dude de esta verdad, debe saber que yo he vivido muchos años en aquellos golfos, rodeando, si se puede decir, palmo a palmo aquellas islas.”  

Comentarios